El turismo basado en la naturaleza: una bendición para las economías emergentes

Muchos sectores de la economía prosperan cuando la naturaleza se gestiona bien. La agricultura se beneficia de la disponibilidad de un mejor suelo y abundancia de agua; la actividad pesquera obtiene capturas de alto valor; las ciudades costeras están mejor protegidas de las tormentas.

“El crecimiento del sector del turismo también es impulsado por activos naturales como playas limpias, paisajes atractivos y una fauna abundante”, señala Urvashi Narain, economista superior en Medio Ambiente del Banco Mundial, en vísperas del Foro de Turismo organizado por el Grupo Banco Mundial, (i) que se realiza el 8 de diciembre en la ciudad de Washington.

En Tanzanía, hogar del Parque Nacional Serengueti y el monte Kilimanjaro, el turismo basado en la naturaleza representa alrededor del 10 % del producto interno bruto (PIB). La cantidad de turistas se duplicó entre 2000 y 2012, y el sector genera la mayor parte de los ingresos por exportación del país. Esto no es exclusivo de Tanzanía. En Namibia, el 19 % de todo el empleo (directo e indirecto) se atribuye al ecoturismo, y en las Maldivas, el sector turístico es la principal fuente de ingresos del Gobierno, con los que se financia la salud y la educación.

El turismo se ha convertido en un motor de crecimiento para muchas economías emergentes: a mediados de la década de 1990, el porcentaje de los ingresos del turismo internacional en los países de ingreso bajo y mediano era solo el 17 % del total mundial. En 2012, ese porcentaje había aumentado al 28 %. Esta tendencia es impulsada por el transporte aéreo de bajo costo a una mayor cantidad de destinos, el desarrollo de sitios turísticos naturales y culturales, y mejores servicios e infraestructura en los países en desarrollo.

Dentro del sector, el turismo basado en la naturaleza (i) puede “permitir a los países gestionar mejor sus activos naturales, alentando al mismo tiempo que este aumento en visitantes, ayude a sustentar el crecimiento y el empleo, a menudo en zonas rurales marginales”, dice Narain. Cuando el desarrollo de la infraestructura —así como el agua y el suelo— se gestiona de manera adecuada, el ecoturismo puede beneficiar a quienes con frecuencia obtienen menos beneficios de esta actividad. Sin embargo, el desarrollo del turismo y la infraestructura se debe planificar y ejecutar cuidadosamente para proteger el valor de los activos naturales. En otras palabras, el turismo debe ser sostenible para ser atractivo y rentable en el largo plazo.

Para aprovechar el potencial del turismo basado en la naturaleza, varios países han solicitado al Grupo Banco Mundial asesoramiento e inversiones para mejorar la sostenibilidad, la gestión y la competitividad, y aumentar la inversión del sector privado.

En Tanzanía, por ejemplo, donde la actividad turística no se ha visto afectada por la recesión económica mundial de 2009, el Banco realizó una evaluación sobre el “futuro del turismo”. El informe señaló que aunque Tanzanía ha desarrollado un sector con capacidad de adaptación y de altos ingresos, también se encuentra en una encrucijada. “Los nuevos planes en torno a activos turísticos clave deben ser planeados y ejecutados cuidadosamente para garantizar que no erosionen el valor económico y la sostenibilidad del ecosistema subyacente”, advierten los autores del informe. La participación en los beneficios y la vinculación con las comunidades locales también es fundamental para el futuro del turismo.

El estudio muestra que Tanzanía puede diversificar la actividad turística y evitar la aglomeración desarrollando el sur del país, donde habita más del 10 % de los leones del mundo. Esto requerirá esfuerzos para mejorar el entorno empresarial, gestionar la presión sobre los recursos hídricos, abordar el grave problema de la caza furtiva y vincular el turismo con la economía local.

El Banco se prepara para ofrecer financiamiento a Tanzanía, a fin de que sea destinado a fortalecer las zonas de gestión de la vida silvestre de propiedad comunitaria, y capacitar a los jóvenes de la comunidad para que puedan ingresar al sector del turismo. En lo que respecta a las políticas, el Banco ayuda a Tanzanía a crear un entorno normativo eficaz para este sector.

Este tipo de enfoque integrado también se aplica en el Caribe, donde las playas limpias y los arrecifes saludables son grandes atractivos turísticos. El ecoturismo es uno de los principales sectores económicos de la región. En 2014, unos 25 millones de visitantes aportaron USD 49 000 millones (dólares estadounidenses) al PIB regional, y ayudaron a sustentar el 11,3 % de los puestos de trabajo.

“A pesar de lo importante que es el sector hoy en día, solo una fracción de los beneficios totales del turismo queda en realidad en las naciones insulares anfitrionas, dado que la mayoría de las visitas turísticas se organizan a través de empresas de propiedad extranjera que apoyan a los hoteles foráneos”, subraya Pawan Patil, economista superior del Banco Mundial. “El Grupo Banco Mundial está aumentando el apoyo a los países del Caribe, proporcionando asistencia técnica y promoviendo mecanismos innovadores para poder ayudar a los pequeños Estados insulares a desplegar todo el potencial de sus economías azules”.

El año pasado, por ejemplo, una evaluación de los arrecifes de coral en Granada reveló que varias zonas se encuentran amenazadas por el aumento de la temperatura del mar. Como resultado, el Banco se asoció en Granada y Jamaica con el sector privado y algunas fundaciones para llevar a cabo una iniciativa de gestión comunitaria de una zona de restauración de los arrecifes, que es financiada por contribuciones voluntarias de los visitantes extranjeros. Al mismo tiempo, se ofrece capacitación y se contrata a “jardineros de corales” para mantener las nuevas plantaciones.

En Jordania, los viajes y el turismo solían representar un 12,5 % del PIB, pero este porcentaje ha disminuido desde la primavera árabe. En este país, “el turismo basado en la naturaleza es considerado uno de los pilares de un renacimiento turístico debido a la diversidad de los paisajes naturales que existe en el reino”, dice Banu Setlur, especialista superior en Medio Ambiente. El Proyecto de protección de los medios de subsistencia y el ecosistema en Badia, respaldado por el Banco, está recuperando el ecoturismo gestionado por la comunidad a lo largo de un corredor de aproximadamente 300 kilómetros en el norte de Badia, donde albergues ecológicos y sitios para acampar permitirán desarrollar un turismo de bajo volumen y alto valor centrado en la comunidad. El hotel Feynan Ecolodge, por ejemplo, emplea a unas 32 personas y ofrece oportunidades de ingresos para decenas más.

La Real Sociedad para la Conservación de la Naturaleza está repitiendo este modelo en sus otras reservas y lo aplicará en el área protegida de Burqu, que ha sido propuesta, a través de un plan de desarrollo del ecoturismo formulado con las comunidades locales.

En Mozambique, el enfoque integrado del Banco para la gestión del paisaje ayudó a llevar a cabo el Proyecto de zonas de conservación transfronterizas y desarrollo del turismo destinado a conservar la biodiversidad y promover el crecimiento económico a través del turismo basado en la naturaleza. Los corredores de vida silvestre –o hábitats que conectan la vida silvestre separada por las actividades humanas y estructuras como las carreteras– son importantes para las especies marinas y terrestres, como los tiburones ballena y los elefantes africanos. Varias de las áreas de conservación de Mozambique comparten biodiversidad y tienen vínculos ecológicos con los países vecinos; y los diferentes tipos de suelo y amenazas a la biodiversidad requieren de la colaboración entre los Gobiernos locales, las comunidades, los pequeños propietarios, los grandes propietarios privados de tierras y otros.

El proyecto reforzó la cooperación entre los países vecinos; amplió las zonas de conservación; mejoró la infraestructura; generó nuevas empresas, más ingresos y más empleos para las comunidades locales, y ayudó a aumentar el turismo en casi un 200 % entre 2006 y 2013.

En tanto, el Proyecto de gestión de las zonas de conservación de la biodiversidad y fomento del desarrollo, (i) conocido como Mozbio, (i) está ahora en su tercera fase. Para aprovechar al máximo el potencial de crecimiento del turismo y contribuir a reducir la pobreza en las inmediaciones de las áreas de conservación, Mozbio ampliará la conservación marina a tres nuevas zonas protegidas muy visitadas, y fortalecerá la capacidad general del país para gestionar el sector turístico. “Esta es una gran oportunidad para Mozambique”, destaca Claudia Sobrevila, especialista superior en Medio Ambiente, “dado que se espera que el ecoturismo –tanto terrestre como costero– sea el sector de mayor crecimiento del país en las próximas décadas”.

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